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5. Ten cariño a la virtud de la pobreza.
Me atrae la pobreza de Jesús
Reflexión
1. Analizo en qué me falta la virtud de la pobreza.
2. ¿Cómo ilumina la experiencia que Jesús hizo de la pobreza para mi vida diaria?
3. ¿Cómo vivo mi relación con el dinero, la ropa, los bienes como casas, alhajas, colecciones, libros, cuadros, etc.? ¿Cómo es mi relación con las personas? ¿Controlo, domino, poseo, impongo?
4. ¿Qué deseos materiales tengo en estos momentos? Hacer una lista
5. ¿Qué me propongo para crecer en la pobreza?
Contemplación:
Jesús atado a la columna
Virtud de la pobreza de Jesús
Practicar
Buscar en algún día del mes, sentir hambre y sed.
Desprendernos de algo que nos cueste.
Hacer un donativo a algún menesteroso.
Sentar algún pobre a nuestra mesa y regalarle nuestro tiempo.
Proponernos vestir y comer, con más austeridad.
Hacer una lista de todo lo que nos sobra y discernir sobre ello
Apostolado:
Apúntate a en algún apostolado de tu parroquia o en alguna ONG que ayude a los pobres y trata de ser fiel a ello
Oración:
“Jesús me enriqueció con su pobreza”
“Dichosos los pobres porque de ellos es el reino de los cielos”.
Salmo 116 (114-115)
+ Ofrecimiento del Verbo Encarnado cada hora.
Fuentes bíblicas de este punto:
Pobreza
- Ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriquecernos con su pobreza (2 Cor 8, 9).
- Jesús dijo: Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme (Mt 19, 21).
-Entonces Jesús, mirando a sus discípulos, se puso a decir: Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios (Lc 6, 20).
- Jesús dijo: Las zorras tienen madrigueras y los pájaros del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Lc 9, 58).
- Los judíos piden milagros y los griegos buscan un saber superior. Mientras tanto, nosotros proclamamos a un Mesías crucificado. Para los judíos, ¡qué escándalo más grande! Y para los griegos, ¡qué locura! Él, sin embargo, es Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios para aquellos que Dios ha llamado, sea entre los judíos o entre los griegos (1 Cor 1, 22-24).
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