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11. Templa tu alma para el dolor
en todas sus formas.
Me atrae la mortificación y fortaleza ante el dolor de Jesús Para la reflexión:
Reflexión
1. Analizo cual es mi actitud ante el dolor.
2. ¿Cómo ilumina la experiencia del dolor de Jesús en relación al dolor mi propia vida?
3. ¿Cómo es mi temple y fortaleza ante la adversidad?
4. Analizo si los dolores que ha habido en mi vida los he vivido con entereza. Hacer una lista de las situaciones de dolor y sufrimiento en las que no he tenido presencia de ánimo.
5. ¿Qué me propongo para crecer en la entereza ante el dolor?
Contemplación:
Jesús crucificado.
Virtud de la mortificación en Jesús
Practicar
Mortifica tu curiosidad; no preguntes nada si no es necesario.
No pidas nada, acepta lo que te den.
No te quejes del clima, ni de la comida.
Busca una acción concreta que te una a Jesús crucificado.
Dedicar algún obsequio los viernes a algún pobre en recuerdo de la pasión de Jesús.
Apostolado:
Buscar a alguna persona necesitada de compartir sus enfermedades , su soledad, su cansancio y escucharla como se escucharía a Jesús.
Oración:
Señor, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Todo lo puedo en Aquel que me conforta
Padre , en tus manos encomiendo mi espíritu.
Salmo 31 (30)
+ Ofrecimiento del Verbo Encarnado cada hora.
Fuentes bíblicas de este punto:
Templanza en el dolor
- ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas, y no habéis querido (Lc 13, 34).
- El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío (Lc 14, 27).
- En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: –Miren, estamos subiendo a Jerusalén, y todo lo escrito por los profetas sobre el Hijo del hombre se va a cumplir. Será entregado a los paganos, escarnecido, ultrajado y escupido; después lo azotarán, lo matarán, pero al tercer día resucitará (Lc 18, 31-33).
- Después salió y fue, como de costumbre, al monte de los Olivos. Sus discípulos lo siguieron. Al llegar ahí les dijo: —Oren para que puedan hacer frente a la prueba. Se alejó de ellos como un tiro de piedra, se arrodilló y estuvo orando así: —Padre, si quieres aleja de mí esta copa de amargura; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo, que lo estuvo confortando. Preso de la angustia, oraba más intensamente, y le entró un sudor que chorreaba hasta el suelo, como si fueran gotas de sangre (Lc 22, 39-44).
- Lo seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres que se golpeaba el pecho y se lamentaban por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: —Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque vendrán días en que se dirá: Dichosas las estériles, los vientres que no engendraron y los pechos que no amamantaron. Entonces se pondrán a decir a las montañas: «Caigan sobre nosotras» y a las colinas: «¡Aplástenos!» Porque si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco? (Lc 23, 27-32).
- Hacia el mediodía las tinieblas cubrieron toda la región hasta las tres de la tarde. El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por medio. Entonces Jesús lanzó un fuerte grito y dijo: —Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto, expiró (Lc 23, 44-47).
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