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1. Trabaja en ser humilde
Jesús nos dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame (Mt 16, 24).
Reflexión
1. ¿En qué descubro que la humildad y el sacrificio que Jesús asumió es por amor a mí?
2. ¿Me conozco realmente? ¿Descubro mis raíces de orgullo?
3. ¿Qué sacrificios estoy dispuesto a asumir para parecerme a Jesús?
4. De estas dos virtudes que hemos estudiado, humildad y sacrificio ¿qué te ha llamado más la atención?
Contemplación
A Cristo en su encarnación
Virtud de la humildad en Jesús
Virtud del sacrificio en Jesús
(Pedir esas virtudes en cada Comunión.
Mortificar los sentidos.
Gozarse en las pequeñas humillaciones).
Practicar
-Buscar pequeños actos de humildad y de sacrificio voluntario.
-Privarse de todo lo superfluo. No criticar a nadie.
- Confesión quincenal.
-No servirse primero en la mesa.
-Quedarse con un poco de hambre, nunca hartarse.
-Reconocer voluntariamente las faltas.
-No discutir por nada.
Apostolado
-Hacer las tareas que nadie quiere tomar
-.Nunca tomar el primer lugar en nada.
- Buscar acercarse a los más pobres
Oración
“Jesús manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo”.
“Señor, mi corazón no es arrogante
ni son altivos mis ojos;
no persigo dignidades
ni cosas que me superan” Sal 131 (130),1
“Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios”
Fuentes Bíblicas de este punto
- Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera (Mt 11, 28-30).
- Entonces fue Jesús con ellos a un huerto llamado Getsemaní… […] cayó rostro en tierra y estuvo orando así: –Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa de amargura; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú (Mt 26, 37, 39).
- Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la tropa. Lo desnudaron y le echaron por encima un manto de color púrpura; trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano derecha; luego, se arrodillaban ante él y se burlaban diciendo: —¡Salve, rey de los Judíos!— Le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Tras burlarse de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron para crucificarlo (Mt 27, 27-31).
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